Un Régimen Sencillo de Oración

LuisRo Vacaciones_050407

Texto: Lucas 6:27-36

Ø La oración es amistad con Dios: como toda amistad debe ser cuidada, cultivada.

Ø La oración no comienza cuando pedimos: debemos prepararnos en silencio para buscar y entrar en la presencia de Dios.

Ø La oración debe interpretarse como un acto de fe y no como una acción rutinaria.

Ø La primera fase de la oración es la adoración y la acción de gracias: se debe recordar deliberadamente todo motivo grande o pequeño por el cual estar agradecido cada día con nuestro Dios. Decir “Te agradecemos por todas tus misericordias” es una muestra de gratitud muy general, pero no para expresar privadamente nuestra gratitud. (agradecidos por todo… agradecidos por nada…). La acción de gracias debe ser profunda (detalle de cada bendición recibida este día) y debe terminar con solemnidad buscando que esa gratitud se vea reflejada en nuestra vida, en nuestro rostro.

Ø Una oración puede convertirse en confesión. No se trata de auto castigarnos; sino de reconocer ante Dios que hemos obrado mal o que nos hemos equivocado, lo que nos lleva a una oración de arrepentimiento, poniendo nombre a los hechos con la mas transparente actitud, reconociendo por ejemplo: celos, omisiones, cobardías, hábitos perversos, contaminación, etc. La oración de confesión autentica conduce a una aceptación del perdón de Dios; la verdadera confesión es una limpieza del alma.

Ø La oración de intercesión: A diferencia de la oración colectiva en donde oramos por lo general por nuestros familiares, amigos, vecinos, hermanos en la fe u otros; en la intercesión privada lo hacemos con nombre y apellido; el amor verdadero no ve a muchos, mira específicamente rostros que sufren; por lo que esta oración debe ser reflexiva y comparte el sentir y la carga del que sufre.

Ø Por quienes intercedemos: primeramente por nuestros enemigos (Mateo 5:44); no podemos orar cargando raíces de amargura; de otra forma la oración no puede considerarse un culto auténtico de verdad. De igual forma debe orarse con nombre específico por quien es nuestro enemigo o a la persona que yo le he hecho un mal. También debe tomar en cuenta a todos aquellos que se encuentran en autoridad: mundial, nacional, local, a todo gobernante sea este político, religioso, social. La oración también intercede por los más necesitados, sin olvidar a aquellos que dependen vitalmente de nuestras oraciones (hijos, padres, otros). Lleva en si esta oración la crisis de todo el mundo.

Ø La petición: La petición viene al último, no por ser la mas importante, sino por requerir del amparo de la oración inicial. Debemos expresar con confianza nuestras necesidades a Dios pero tener el cuidado de no actuar con mente egoísta; solo cuando: “damos gracias, confesamos nuestros pecados e intercedemos por el prójimo” la oración se defiende de ser egoísta y se abre espacio libremente. frustrar la oración de petición es negar la naturaleza humana. La petición debe crecer en la gracia y debe concluir siempre en “hágase tu voluntad” (Mateo 26:42)

Ø Meditación: los intervalos entre estas cuatro oraciones (acción de gracias, confesión, intercesión y petición) deben llenarse con meditación:

1. Después de la acción de gracias: contemplar la bondad de Dios.

2. Después de la confesión: adorar el amor perdonador que se ha dado en conocer en Cristo.

3. Después de la intercesión: ver la necesidad de los demás como Cristo la vio desde la cruz.

4. Después de la petición: meditar en Su voluntad.

La oración es escuchar y hablar, recibir y pedir; es una amistad que se nutre del respeto y la reverencia; la oración debe acabar como inicia; con la adoración y cerrar con la frase: “En el Nombre de Jesús, amen” ya que en el nombre de Jesús radica nuestro mejor entendimiento de Dios y el mejor correctivo para nuestras torpes oraciones; La palabra AMEN significa: Que así sea; reafirma nuestro acto de fe en el poder de Dios.

Preguntas:

  1. En la oración no debemos ser extremadamente formales o informales; ¿de que lado estoy mas propenso a errar?
  2. ¿De que manera ayuda dar gracias a “ver menos la mancha en vez de lo blanco de la hoja de papel”?
  3. ¿Por qué debemos ser específicos en la oración?
  4. ¿Se ha sentido alguna vez culpable de orar por usted? ¿Qué les diría a los que se sienten así?
  5. De seguir el mandato de Jesús de orar por nuestros enemigos, ¿Por quien comenzaría a orar?

Referencia: Foster, R. J. y Smith, J. B. Devocionales Clásicos, Un régimen sencillo de oración, Buttrick, G. A. Edit. Mundo Hispano. Trad. Septién, J. pags. 118-123,

Publicado el 15 abril, 2009 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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