Remedio para la mente y el espíritu

Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. (Hebreos 12:3)

¡Que remedio tan extraño para el cansancio mental! El remedio consiste en un aumento de pensamientos: "Considerad a Aquél." Yo hubiera esperado una invitación al reposo mental. Cuando el cuerpo de una persona está cansado, lo enviamos a dormir. Cuando la mente de un hombre está cansada, ¿por qué no le prescribi­mos reposo? Porque el cansancio de la mente necesita un remedio dife­rente que el que necesita el cansancio del cuerpo. Éste se cura con dormir pero el cansancio de la mente se cura solamente con estímulos. Al que tiene el cuerpo cansado le gritamos: "¡Duerme! ¡Descansa!" Pero a la mente cansada le ordenamos: "¡Despierta, tú que duermes, y levántate de los muertos!" A los que están trabajados en espíritu, Jesús dice: "Venid a mí." No les prescribe un sedante, sino un estímulo; no más sueño, sino más actividad. Al hombre de la mano cansada le dice: "Echa sobre mi tu carga"; pero al hombre de corazón agobiado le dice: "Llevad mi yugo sobre vosotros."

Señor, necesito alas para mi cansancio, alas de amor. Lo que me cansa el corazón no es el trabajo, sino la inacción. Mas este corazón no cesará en su cansancio hasta que pueda encumbrarse, encumbrarse hacia ti. La carga y el acaloramiento de mi día espiritual no se debe al trabajo, sino a la falta de propósito: ¡dame un propósito, Señor! A veces basta la entrada de un amigo terrenal para que mi alma se traslade desde la postración hacia la luz. ¡Cuánto más harás tú si en­tras a mi vida! Necesito que un interés nuevo sane el cansancio de mi corazón: necesito alguien por quien vivir, alguien a quien servir, alguien a quien esperar, alguien con quien pueda soñar. Es la necesidad de sueños la que produce en mí falta de fuerzas; es mi indiferencia lo que me produce languidez. Crea en mí un corazón nuevo, un corazón ansioso, que palpite decidido, un corazón que vibre en respuesta a tu amor. ¡Hazme sentir la pasión y el sentimiento de la vida, de tu vida! ¡Llévame cautivo en tu merced! ¡Haz que pueda captar el encanto de tu belleza! ¡Haz que pueda disfrutar la emoción de oír tus pisadas! ¡Haz que experimente arrebato al oír tu nombre! ¡Quiero experimen­tar la agitación y la conmoción producida por el murmullo: "Pasa Je­sús de Nazaret."! Entonces el cansancio del corazón se disipará y ce­sará la languidez de espíritu. El reposo del alma es la libertad de volar. Entonces, como las águilas, no nos cansaremos, ni desmayaremos.

George Matheson.

images

Publicado el 3 septiembre, 2009 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: