Cuando hacemos promesas a Dios

“Lazo es al hombre hacer apresuradamente voto de consagración,

Y después de hacerlo, reflexionar”

Proverbios 20:25

Con alguna frecuencia, las personas tendemos a hacer promesas o votos que con el tiempo olvidamos o sencillamente dejamos cuando nuestras prioridades cambian, dejando de lado aquellas cosas que nos comprometimos a hacer para nuestro beneficio, para el beneficio de otras personas e incluso para Dios.

Pensemos por un momento al hacer un balance de un período de tiempo de nuestras vidas, en todas aquellas cosas que dijimos que haríamos y no hicimos y de aquellas que dijimos que ya no haríamos y seguimos haciendo a la fecha; quizá pensemos que muchos de esos compromisos que hicimos no tienen mayor relevancia, y no afectarán significativamente nuestras vidas o la de los demás; el punto a destacar es nuestra inconsistencia entre lo que decimos  y lo que hacemos. en definitiva esta actitud desgasta nuestra imagen personal y hace perder nuestra credibilidad delante de las personas que nos rodean.

Un “Voto de Consagración” o “Promesa” que hacemos a Dios, significa dar algo como ofrenda a nuestro Señor y Salvador; consagrar significa, apartar algo para uso religioso de mi parte, para mi Dios, entiéndase algo muy mio que ofrendo por aquel que a dado todo por mi.

Proverbios 20:25 nos enseña lo malo que es hacer votos a Dios sin meditar las consecuencias que tiene el reconsiderarlo o el dejar de lado nuestras promesas. La Biblia nos enseña que nuestro Dios es un Dios de Pactos; en tal sentido, el toma con mucha seriedad los votos o promesas que a Él le hacemos y demanda que las llevemos a cabo con amor, diligencia y compromiso.

Con mucha frecuencia tenemos buenas intenciones cuando hacemos votos o promesas las que denotan nuestro deseo de servir a Dios con determinación, sin embargo, Jesús nos enseña en el libro de Mateo 5:33-37 que debemos tener mucho cuidado de no hacer juramentos que no vamos a cumplir y que es mejor ser consistentes en nuestras decisiones: “pero sea vuestro hablar si, si; no, no…”

La Palabra del Señor nos dice en el libro de Deuteronomio 23:21-23

“Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti.  Más cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado.

Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca”

Si insistimos en hacer votos a nuestro Señor, debemos tener la seguridad que tenemos claro las consecuencias de quebrantarlo, pensemos entonces que es mejor no hacer promesas, que hacerlas y después querer cambiarlas o abstenerse de cumplirlas; incluso es mejor analizar el costo o las consecuencias que puede tener nuestro compromiso al principio y luego comprometernos a cumplirlas.

 

En el libro de Jueces 11:30-31, en las Sagradas Escrituras, Jefté hizo una promesa temeraria de sacrificar a cualquiera que saliera para recibirle cuando regresara a casa. Llegado el momento, la primera que le recibió fue su hija. Finalmente Jefté con mucho dolor y determinación hizo cumplir el voto que le hizo a Dios.

Se dice que Moisés en el libro de Números 30:1-2, recordó al pueblo que las promesas hechas a Dios y a otros tenían que mantenerse: “… Esto es lo que Jehová ha mandado. Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca”. En los tiempos Bíblicos, la gente no firmaba contratos por escrito. La palabra de una persona era suficiente y valiosa como una firma. El romper una promesa o voto significaba una confianza perdida y una relación rota. La confianza sigue siendo la base de nuestras relaciones con Dios y con las personas. Así que una promesa rota en estos días, es igualmente dañina como lo era en los días de Moisés.

La Biblia condena el hacer votos a la ligera, el dar la palabra y no cumplirla y el jurar en vano por el nombre de Dios (Éxodo 20:7; Levítico 19:12; Números 30:1-2; Deuteronomio19:16-20). El juramento es aplicado en ciertas situaciones, porque vivimos en una sociedad que ha perdido la credibilidad y la palabra de muchos ya no es fiable.

Finalmente debemos considerar que el nombre de Dios es especial. Utilizarlo sin pensar en banalidades o en una maldición es tan común que no nos damos cuenta de la gravedad de lo que hacemos. La forma en que usamos el nombre de Dios indica lo que verdaderamente significa Él en nuestras vidas. Debemos honrar y respetar su nombre y utilizarlo en la forma correcta, pronunciándolo en la alabanza y la adoración en vez de hacerlo en una maldición o en una broma. No debemos tomar a la ligera el abuso o deshonra de su bendito nombre.

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”

Éxodo 20:7

Referencias: Biblia RV 1960; Biblia Diario Vivir

Publicado el 21 diciembre, 2011 en Desarrollo Personal, Lectura Bíblica, Motivacional, Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Promete a DIOS QUE SE VA A QUEDAR CON ESA PERSONA TODA LA VIDA Y LUEGO SE ARREPIENTE ESTA EN PECADO SI SE QUIERE CASAR CON OTRA PERSONA?

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    • Si es un voto matrimonial y se casa con otra persona, si lo es, sin embargo, es importante conocer el contexto, una pareja podría separarse por riesgo de violencia, agresión física, actos de inmoralidad, es decir, riesgos de poner en peligro la vida integridad de una persona o grupo familiar.

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