LA ORACIÓN, VERDADERO REFUGIO DEL ALMA UNA PRESENTACIÓN PANORÁMICA DEL LIBRO DE RICHARD J. FOSTER FOSTER, Richard J. La oración, verdadero refugio del alma. Miami: Editorial Betania, 1994. 321 p. Por Harold Segura C

Esta vez, Richard Foster, conocido autor de temas sobre vida espiritual y formación cristiana, confirma por qué sigue siendo uno de los escritores más apreciados dentro del mundo evangélico. En esta obra combina su amplio conocimiento de la historia de los clásicos espirituales con su profundo peregrinaje espiritual y su sólido conocimiento de las Escrituras para entregarnos un texto indispensable sobre la práctica de la oración. Para él, la oración es, ante todo, una jornada a través de la cual nos exponemos ante Dios para ser transformados interiormente.

  • Hoy en día, dice Foster, observamos una gran paradoja: anhelamos la comunión con Dios, pero al mismo tiempo nos escondemos de ella. Eso sucede también con la oración, que la anhelamos al mismo tiempo que la rechazamos. “Creemos que la oración es algo que deberíamos hacer y que además queremos hacer; pero es como si un gran abismo se interpusiera entre la oración y nosotros” (p. 9). Por otra parte, dice él, existen ideas “fantásticas” acerca de la oración que nos impiden reconocer que oramos más de los que nos parece. En las experiencias cotidianas, siempre que entablamos un diálogo natural y espontáneo con el Señor, existe la oración.

  • Dios está sediento de nuestra presencia y espera que regresemos a casa para acogernos con amor; eso es la oración: no es otra cosa que amor. La sintaxis de la oración es el amor.

  • Foster nos presenta el tema siguiendo una estructura trinitaria. En la primera parte se refiere al camino hacia el interior que comprende la oración dirigida hacia Dios el Hijo en su papel de Salvador y Maestro. En la segunda, el camino ascendente, donde la plegaria se orienta a Dios el Padre como Rey soberano y Amante Dios. La última parte, el camino exterior, es la oración que hacemos a Dios el Espíritu Santo en su tarea de Capacitador y Evangelista. Cada una de estas tres partes contiene siete capítulos, para un total de veintiún tipos de plegarias.

El camino hacia el interior: En busca de la trasformación necesaria. Este es el primer camino de la oración, el de la transformación del ser interior o del cambio personal. Por medio de este camino Dios nos ofrece la oportunidad de llenarnos con el fruto de su Espíritu.

1. Oración sencilla: Entre las varias razones por las cuales no oramos tanto como lo deseamos existe una en especial y es creer que todo debe estar “en orden” antes de hacerlo. Pero la oración es, ante todo, una muestra de la gracia de Dios; en ella nos acercamos a Él tal como somos. En lugar de preguntar cuál es la oración correcta debemos comenzar a orar con sencillez.

2. Oración del desamparado: Cuando nos sentimos faltos de la presencia de Dios, cuando “agitamos nuestros puños” delante de Él o cuando la queja ahoga la alabanza, Foster nos invita a descansar confiadamente en el Señor. Cuando Dios se esconde necesitamos acercarnos a Él y elevar nuestra súplica de desamparo… y esperar en silencio.

3. Oración de examen: Aunque vivimos en una época de introspecciones obsesivas, los cristianos hemos perdido la práctica de la oración en la que examinamos nuestro estado de conciencia, reconocemos la forma como Dios ha estado actuando y examinamos las áreas en las que necesitamos limpieza, purificación y sanidad. En la oración de examen invitamos al Señor para que haga un escrutinio de amor y nos conceda la gracia del autoconocimiento.

4. Oración de lágrimas: Los antiguos griegos la llamaban Penthos y significa una experiencia en la que el corazón se compunge, se lastima o se entristece al reconocer la profundidad de nuestro pecado. Pero esta es una experiencia que no podemos inducir por nuestros propios medios. Sólo Dios produce el arrepentimiento y sólo Él puede “bautizarnos en lágrimas”.

5. Oración de renuncia: La oración de renuncia trae un tesoro sin precio cual es la crucifixión

de nuestra voluntad para dejarnos conducir por “el torrente de la voluntad del Padre” y encontrar descanso en Él. Esta renuncia presupone lucha y esfuerzo personal, a la manera de Jesús en Getsemaní, o de Abraham cuando renunció a Isaac.

6. Oración transformadora: La oración cambia las cosas, es cierto, pero ante todo nos cambia a nosotros mismos. Nadie puede orar sin exponerse a la acción trasformadora de Dios. Esta oración transformadora se enfoca en recibir más que en luchar y en ceder más que en iniciar algo. Los clásicos espirituales, como San Ignacio de Loyola, Benito de Nurcia y Teresa de Lisieux nos ofrecen orientaciones para la práctica de esta oración.

7. Oración de pacto: Decidir hacer la voluntad de Dios debe estar en el centro de toda vida de oración. Ese compromiso no es meramente un deber, sino también la mejor expresión de gratitud a Dios por su misericordia. Debemos buscar a Dios con disciplina; de allí que necesitemos hacer un pacto de tiempo, de lugar y de preparación del corazón, para tener citas con Dios que alimenten nuestra alma y nos conduzcan por el camino de la entrega.

Movimiento ascendente: en busca de la intimidad necesaria. Dios es el verdadero hogar de nuestro corazón y, mientras no lleguemos ante Él, somos exiliados y extranjeros. El miedo y el orgullo nos distancian del Padre, pero pueden ser vencidos por la fe, la esperanza y el amor. Ese el camino ascendente que nos conduce hacia la intimidad con Dios.

8. Oración de adoración: Deleitarnos en Dios, venerarlo y magnificar su nombre son, entre otros, los nobles propósitos de la oración de adoración. En ella no buscamos cosa distinta a exaltar a quien nos ha amado con amor y nos trata con bondad infinita. Esta oración debe aprenderse e incluye la práctica de la gratitud y la gracia de magnificar a Dios, entre otras.

9. Oración de descanso: Por medio de esta oración Dios pone a sus hijos en el ojo de la tormenta. Esa es su promesa, que nos dará descanso (Mt.11: 29). Hay tres prácticas diseñadas para guiarnos en esta oración: la soledad, que nos aísla para descubrir que nuestras fuerzas provienen de Dios; el silencio que aquieta el control sobre la gente y las situaciones; y el recuerdo, que propicia la reflexión para considerar el rumbo de nuestra vida.

10. Oración sacramental: Una liturgia bien conducida puede elevarnos en santa reverencia. No siempre lo informal o espontáneo es señal segura de mayor intimidad espiritual. Las oraciones escritas, la Santa Comunión o Eucaristía, así como el sacramento de la Palabra, el cántico y el uso reverente de nuestro cuerpo –incluida la danza sacra- son medios de gracia ordenados por Dios.

11. Oración incesante: No es esta una oración de fácil acceso puesto que se trata de hacer de nuestra vida una constante oración y un reflejo vivo de la presencia de Dios. Se requiere de ardua disciplina hasta lograr que nuestro subconsciente y toda nuestra personalidad se impregnen de Dios y se produzca, aquello que los santos llaman, “unión con Dios”.

12. Oración del corazón: También se le conoce como “oración abba” por ser una comunicación personal con Dios en la que priva la intimidad, el amor y la ternura. Es una oración del corazón en la que se concede un lugar para la glosolalia, la experiencia de “descanso en el Espíritu” (algunos quedan inconscientes y caen al piso) y la “risa santa”, entre muchas otras. Es, ante todo, dejar que la ternura de Dios sacuda nuestro corazón.

13. Oración meditativa: La Escritura y los textos de los escritores clásicos devocionales son una rica fuente para la meditación cristiana. En esta práctica no se busca estudiar los textos con propósito literario o académico, sino dejar que “el suave susurro” del Espíritu aliente nuestra alma y nos conduzca por los caminos de la intimidad con Dios.

14. Oración contemplativa: Esta no es una oración para principiantes. Para entrar en la  contemplación silenciosa de Dios y penetrar en la profundidad del ámbito espiritual se requiere madurez. En esta oración del silencio afloran los sentimientos y todo el ser se concentre en la amorosa atención de Dios. Su meta es una: la unión con el Señor.

El camino hacia el exterior: en busca del ministerio pertinente. La transformación interior y la intimidad con Dios deben traducirse en servicio hacia los demás. El Espíritu Santo es quien nos conduce por este camino del ministerio.

15. Oración cotidiana: No hay razones bíblicas para hacer de nuestra espiritualidad un aspecto separado -y hasta contrario- a nuestra vida cotidiana. Es necesario lograr esta integración y para ello debemos volcar las experiencias de cada día en la vida de oración, ver a Dios en las experiencias diarias y aprender a orar mientras transcurre nuestra cotidianidad. El trabajo debe ser convertido en oración y en expresión natural de nuestra ofrenda a Dios.

16. Oración de súplica: A Dios le gusta que le pidamos. Cuando suplicamos su favor fortalecemos nuestra relación con el Padre. El mejor modelo de la oración de súplica es el Paternóster, donde aprendemos el valor de acercarnos al Creador para descansar en su bondad y esperar el cumplimiento de su soberana voluntad.

17. Oración intercesora: Cuando intercedemos por otras personas estamos expresando, de alguna forma, nuestro amor por ellas. La intercesión es una oración descentralizada del yo y orientada al bien de nuestro prójimo. Cristo es el intercesor por excelencia y por medio de él se hace posible nuestro ministerio de intercesión, pues oramos siempre “en su Nombre”.

18. Oración sanadora: Orar por la salud física, espiritual o emocional de una persona es una práctica corriente en la Palabra de Dios. En especial, en el Nuevo testamento, encontramos que se imponen las manos para procurar la acción de Dios sobre una persona enferma. Estos gestos de fe sincera debemos rescatarlos con equilibrio y buscando en todo la dirección del Espíritu de Dios.

19. Oración de sufrimiento: Pablo nos invita a ser compañeros de Cristo a través de la “participación de sus padecimientos” (Fil. 3:10). Cuando el sufrimiento es injusto y carente de sentido debemos luchar contra él porque se opone a la vida en el Reino; pero hay “un tipo de sufrimiento que tiene propósito y sentido” (p. 273). En este último caso debemos buscar a Dios para encontrar valor y comprender sus propósitos.

20. Oración de autoridad: En esta oración no es tanto lo que hablamos a Dios, sino lo que hablamos por Dios. “No le pedimos que haga algo; al contrario, usamos la autoridad de Dios para mandar que algo se haga” (p. 287). Por este medio se invade el territorio del adversario para buscar los intereses del reino de Dios. Esta es una oración de mandato que actúa en medio de poderes diabólicos –personales y estructurales- que niegan la voluntad de Dios.

21. Oración radical: La oración radical es profética porque cree que el mundo puede ser diferente y por lo tanto procura la transformación de las personas, las instituciones y las estructuras sociales. Este es un clamor subversivo e impertinente, que atenta contra el status quo y que eleva la fe a la categoría de santidad social, al decir de John Wesley.

“Y ahora, por el poder del Santo Espíritu, reciban el espíritu de oración.
Y que se convierta, en el nombre de Jesucristo, en la ocupación más preciosa de sus vidas.
Y que el Dios de toda paz les fortalezca, les bendiga y dé gozo. Amén” (p. 321)

orando11

Publicado el 11 enero, 2013 en Adoración y alabanza, Desarrollo Personal, Motivacional, Reflexiones y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: