Orando la Escritura

Madame Jeanne Guyon (1648 – 1717)

PRESENTACIÓN DEL AUTOR

Madame Jeanne Guyon nació en Montargis, Francia. Cuando sólo contaba con 15 años, se casó con un discapacitado de 38 años. Por la infelicidad de su matrimonio, busco la felicidad en la vida devocional. Vivió en un convento bajo orden real durante un año y luego fue encarcelada en Vincennes y la Bastilla debido a sus creencias religiosas. Pasó recluida casi 25 años de su vida, y muchos de sus libros fueron escritos durante ese período.

La gran contribución de Madame Guyon a la literatura devocional consiste en su manera de escribir que hace que el lector se sienta muy motivado a experimentar una comunión profunda con Jesucristo. Los fragmentos que siguen se tomaron de su libro Experiencing the Depths of Jesús Christ (Experimentando las profundidades de Jesucristo), también titulado A Short and Very Easy Method of Prayer (Un método de oración breve y muy fácil). Este libro ha ejercido gran influencia: Watchman Nee procuró que fuera traducido al chino y estuviera al alcance de cada nuevo convertido en el Little Flock (Pequeño rebaño); Francois Fénelon, John Wesley y Hudson Taylor lo recomendaban en términos muy elogiosos a los creyentes en sus días.

FRAGMENTOS DE EXPERIMENTANDO LAS PROFUNDIDADES DE JESUCRISTO

1.  Dos maneras de conocer a Jesús

Quiero dirigirme a ti como si fueras un principiante en Cristo, como alguien que quiere conocerlo. Al proceder de esta manera permíteme proponer dos maneras en que puedes acercarle al Señor. Llamaré a la primera “orar la Escritura”; y a la segunda, “contemplar al Señor” o “esperar en su presencia”.

2.  Orar la Escritura

“Orar la Escritura” es una manera única de tratar con la Biblia: implica leer y orar. Ve a la Escritura; escoge algún pasaje que sea sencillo y muy práctico. En seguida, ven al Señor. Acércate en silencio y con humildad. Una vez allí, ante él, lee una pequeña porción del pasaje de la Escritura que seleccionaste.

Sé cuidadoso con tu lectura. Toma lo que lees plenamente, amablemente y con cuidado. Saborea y digiere mientras lees. En el pasado, cuando leías, bien pudo haber sido tu costumbre pasar rápidamente de un versículo a otro de la Escritura, hasta que leías todo el pasaje. Quizás tratabas de encontrar el punto principal de esa porción.

3.  Leyendo lentamente

Pero cuando vengas al Señor “orando la Escritura” no leas rápidamente, lee muy lentamente. No vayas de un pasaje a otro, no hasta que hayas sentido el corazón mismo de lo que has leído. Entonces, querrás tomar esa porción de la Escritura que has tocado y convertirla en oración.

Después de que has sentido algo de! pasaje y después de que sabes que has extraído la esencia de esa porción, y que has agotado el sentido más profundo de ella, entonces, muy lenta, suave y tranquilamente comienza a leer la porción que sigue a ese pasaje. Te sorprenderás al encontrar que cuando tu tiempo con el Señor haya acabado, habrás leído muy poco, probablemente, no más de media página.

4.  Entrando en las profundidades

“Orar la Escritura” no tiene que ver con cuánto has leído, sino con ¡a manera en que leíste. Si lees rápidamente, te beneficiará poco. Te parecerás a una abeja que meramente pasa rozando la superficie de una flor. En cambio, en esta nueva manera de leer con oración, vienes a ser como la abeja que entra en las profundidades de la flor. Te sumerges profundamente adentro para tomar su néctar más recóndito.

No cabe duda de que hay una clase de lectura de la Escritura para el saber y el estudio, pero este es diferente. ¡Ese tipo estudioso de lectura no te ayudará cuando se llega a temas que son sublimes! Para recibir algún beneficio profundo e interior de la Escritura, debes leer como te lo he descrito. Sumérgete en las mismas profundidades de las palabras que lees hasta que la revelación, cual dulce aroma, emerja frente a ti. Estoy muy segura de que si sigues esta dirección, poco a poco llegarás a experimentar una oración muy rica que fluye de tu ser interior.

5.  Contemplar al Señor

Vayamos ahora a la segunda clase de oración que mencioné antes. Esta forma de oración que describí como “contemplar al Señor” o “esperar en el Señor”, también hace uso de la Escritura, pero en realidad no es un tiempo de lectura.

Recuerda, me estoy dirigiendo a ti como si fueras un nuevo convertido. Esta es tu segunda manera de encontrarte con Cristo. Y esta segunda manera, aunque emplea la Escritura, tiene un propósito totalmente diferente al de “orar la Escritura”. Por esa razón debes reserva! un tiempo cuando puedes venir a esperar en Cristo.

Cuando “oras la Escritura” tratas de encontrar al Señor en lo que estás leyendo, en las palabras mismas. En este camino, por consiguiente, el contenido de la Escritura es el punto focal de tu atención. Tu propósito es tomar todo aquello del pasaje que te descubra al Señor.

6.  Haciendo callar la mente

Cuando “contemplas al Señor” te acercas al Señor de un modo totalmente diferente. Quizás a estas alturas necesito compartir contigo la dificultad más grande que tendrás al esperar en el Señor. Tiene que ver con tu mente. La mente tiene una fuerte tendencia a desviarse del Señor. Por consiguiente, cuando vengas delante del Señor a sentarle en su presencia, contemplándolo, utiliza la Escriture! para hacer callar tu mente. La manera de hacer esto es muy simple. Primero, lee un pasaje de la Escritura. Una vez que percibes la presencia del Señor, el contenido de lo que has leído ya no es importante. La Escritura ha cumplido su propósito: ha hecho callar tu mente; te ha llevado a él.

7. Disponiéndote internamente por la fe

Ya que puedes ver más claramente, permíteme describir la manera tan sencilla en que, al contemplarlo y esperar en él, puedes acercarte al Señor. Comienza apartando un tiempo para estar con el Señor. Cuando vengas a él, hazlo calladamente. Dirige tu corazón a la presencia de Dios. ¿Cómo se hace esto? También es muy sencillo. Vuélvete a él por fe. Es por la fe que sabes con certeza que has entrado a la presencia de Dios.

Una vez que estás ante el Señor, comienza a leer una porción de la Escritura A medida que avanza tu lectura, haz una pauso para que puedas poner tus pensamientos en el Espíritu. De esta manera dispones tu mente internamente, en Cristo.

Recuerda siempre que no haces esto para llegar a entender qué es lo que debes leer; más bien, lees para apartar tu mente de las cosas exteriores y llevarla a las partes más profundas de tu ser. No estás allí para aprender o leer, sino ¡para experimentar la presencia de tu Señor!

Cuando estás ante el Señor, guarda tu corazón en su presencia. ¿Cómo? También haces esto por la fe. Sí, por la fe puedes guardar tu corazón en la presencia del Señor. Ahora bien, mientras esperas ante él, vuelve toda tu atención hacia tu espíritu. No permitas que vaguen tus pensamientos. Si éstos comienzan a divagar, vuelve tu atención una vez más a las partes internas de tu ser. Te librarás de vagar, libre de las distracciones externas, y serás llevado cerca de Dios. El Señor se encuentra solamente dentro de tu espíritu, en las parles recónditas de tu ser, en el lugar santísimo; allí es donde él mora.

8. El Señor se encontrará contigo

El Señor prometió venir y hacer su morada dentro de ti (Juan 14:23). Prometió encontrarse allí con los que lo adoran y hacen su voluntad. El Señor se encontrará contigo en tu espíritu. Fue Agustín de Hipona quien dijo que había perdido mucho tiempo al comienzo de su experiencia cristiana tratando de encontrar al Señor externamente en vez de volverse internamente.

Una vez que tu corazón se ha vuelto internamente al Señor, tendrás una señal de su presencia. Podrás notar su presencia más agudamente porque tus sentidos externos están envueltos en la tranquilidad y en el silencio. Tu atención ya no está más en las cosas exteriores o en los pensamientos superficiales de tu mente. Dulce y silenciosamente, tu mente se ocupa en lo que has leído y en el toque de su presencia.

¡Ah!, no es que pensarás en lo que has leído, sino que te alimentarás de lo que has leído. Por amor al Señor ejercita tu voluntad para guardar tus pensamientos en calma ante él. Cuando hayas llegado a este estado, permítele a tu mente que descanse.

Un este estado tan pacifico, ingiere lo que has probado. Al principio esto puede parecer difícil, pero quizás puedo mostrarte una manera simple. ¿No has disfrutado a veces el sabor de una comida apetitosa? Pero a menos que estés dispuesto a ingerida, no te podrás nutrir. Ocurre lo mismo con tu alma. En este estado callado, pacífico y sencillo, simplemente toma lo que hay allí como alimento.

9. Las distracciones

¿Qué sobre las distracciones? Digamos que nuestra mente comienza a vagar. Una vez que has sido tocado profundamente por el Espíritu y te distraes, sé diligente para volver a poner en el Señor tu mente que diva ga. Ésta es la manera más fácil de superar las distracciones externas.

Cuando tu mente ha vagado, no intentes tratar con ella cambiando lo que estás pensando. Si pones atención a lo que estás pensando, todo lo que conseguirás será irritar tu mente y la inquietarás más. ¡En cambio, apártate de tu mente! Continúa volviéndote internamente a la presencia del Señor. Al hacer esto ganarás la guerra con tu mente errante y ¡sin entrar en batalla!

10.  Disciplinando la mente

Cuando comienzas esta nueva aventura, sin duda descubrirás que es difícil poner tu mente bajo control. ¿Por qué ocurre esto? Porque después de muchos años por costumbre tu mente ha adquirido la habilidad de vagar por todo el mundo como le agrada. Así que lo que estoy hablando aquí debe servirte para disciplinar tu mente.

Ten la seguridad de que a medida que tu alma se acostumbra cada vez más a separarse de las cosas externas para apegarse a las internas, este proceso será más fácil. Hay dos razones por las que encontrarás cada vez más fácil poner tu mente en sujeción al Señor. Una es que la mente, después de mucha práctica, creará el nuevo hábito de ensimismarse muy profundamente. La segunda es que ¡tienes un Señor muy bondadoso!

11.  El deseo primordial del Señor

B deseo primordial del Señor es revelarse a ti y, para lograrlo, te da abundante gracia. El Señor te da la experiencia de disfrutar de su presen cía. Te toca, y su toque es tan delicioso que, más que nunca, eres llevado internamente a él.

PORCIÓN BÍBLICA: Génesis 28:10-19

Jacob partió de Beerseba y se fue hacia Harán. Y llegó a cierto lugar y pasó allí la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una de las piedras de aquel lugar, la puso como cabecera y se acostó en aquel lugar. Entonces soñó, y he aquí una escalera puesta en la tierra, cuya parte superior alcanzaba el cielo. He aquí que los ángeles de Dios subían y descendían por ella. Y he aquí que Jehovah estaba en b alto de ella y dijo:

—Yo soy Jehovah, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tus descendientes serán como el polvo de la tierra. Te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra. He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Jacob despertó de su sueño y dijo:

— ¡Ciertamente Jehovah está presente en este lugar, y yo no lo sabía!

Él tuvo miedo y dijo:

— ¡Cuan temible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. Jacob se levantó muy de mañana, tomó la piedra que había puesto como cabecera, la puso como memorial y derramó aceite sobre ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Betel, aunque el nombre antiguo de la ciudad era Luz.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

Las preguntas que siguen pueden emplearse para la discusión en el contexto de un grupo pequeño, o bien para la reflexión cotidiana individual.

1.  Madame Guyon utiliza la imagen de una abeja que sólo roza la superficie de una flor o que penetra profundamente en ella para ilustrar la diferencia entre nuestra manera común de leer la Biblia y la manera en que ella nos anima a que la leamos. ¿Cuál de estas dos maneras describe mejor su lectura de la Escritura?

2.  De los dos métodos que ella describe (“orar la Escritura” y “contemplar a! Señor”), ¿cuál podría ayudarle más en su viaje espiritual? ¿Por qué?

3.  Madame Guyon pone mucho énfasis en nuestro nivel de deseo de Dios. Durante los últimos dos años, ¿qué le ha ayudado a aumentar su deseo de Dios?

4. Si Madame Guyon fuera a su casa a tomar una taza de café y a conversar con usted, ¿qué pregunta importante le haría?

5 En la porción Bíblica de esta sección (Gen. 28:10-19), el lugar llamado Harán se convirtió en un lugar sagrado para Jacob porque allí tuvo un encuentro profundo con Oíos. ¿Cuáles son algunos de los lugares sagrados en su vida, lugares en los que usted ha encontrado a Dios de una manera significativa?

EJERCICIOS SUGERIDOS

Los siguientes ejercicios pueden hacerse de manera individual, compartirse entre amigos o emplearse en el contexto de un grupo pequeño. Escoja uno o más de ellos:

1.  Esta semana aparte quince minutos para ‘orar la Escritura”. Al usar la propuesta de Madame Guyon, recuerde:

• Escoja un pasaje sencillo.

• Léalo lentamente.

• Trate de percibir el corazón de cada versículo antes de seguir adelante.

• Cuando descubra algo particularmente significativo, conviértalo en oración.

2.  Aparte 15 minutos cada día en esta semana para “contemplar al Señor”. Tenga en cuenta los pasos sencillos que la autora sugiere:

• Use un pasaje de la Escritura que le ayude a concentrarse en la presencia de Dios.

• Lea las palabras hasta que pueda enfocarse en la presencia de Dios.

. Mantenga su corazón y mente fijos en la presencia de Dios.

• Cuando su mente vague, regrese al pasaje de la Biblia-, esto le ayudará a volver a concentrarse.

3. Madame Guyon escribe: “El deseo primordial del Señor es revelarse a ti”. Esta semana ponga mucha atención a las diferentes maneras que Dios utiliza para darse a conocer a usted.

4.  Así como Jacob erigió un monumento recordatorio para honrar el lugar donde Dios se había encontrado con él de una manera especial, haga una lista de personas y lugares que han tocado su vida, y dé gracias a Dios cuando repase esta lista. Si es posible, escriba una carta de agradecimiento a todos los que le han ayudado a hacer de su vida algo especial (p. ej., directores de campamentos, capellanes universitarios, pastores, etc.).

REFLEXIONES

El poder de los escritos de Jeanne Guyon está en su sencillez. No debemos despreciar esta cualidad de ella, pensando que porque es sencilla es simplista. ¡De ninguna manera! Sus palabras son ciertamente profundas u pueden llevarnos a encuentros ricos con el Cristo viviente, si con humildad de corazón estamos dispuestos a aprender. En la Imitación de Cristo, Tomás de Kempis nos exhorta a leer “libros devotos y sencillos” con la misma disposición con que leemos ¡os “elevados y profundos”, porque debemos siempre dejarnos atraer por el “amor a la verdad pura”.

Ahora, pensando en este libro, ¡qué libro! Nos conquista porque carece de toda pretensión. Pone al descubierto la superficialidad de nuestra propia espiritualidad, y nos da la bienvenida al lugar santísimo. Sobre todo, hace de la vida de oración algo tan deleitable, tan refrescante, que nos incita a “experimentar las profundidades de Cristo” por nosotros mismos.

Richard J. Foster

Fuente: Devocionales Clásicos, R. J. Foster & J.B. Smith, editores. Trad. J. Septíen, Ed. Mundo Hispano. pags. 370-376

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Publicado el 19 octubre, 2013 en Adoración y alabanza, Desarrollo Personal, Iglesia, Lectura Bíblica, Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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