Discípulos que no son discípulos

Por: LuisRo

Por mucho tiempo las iglesias cristianas no han hecho del discipulado una condición necesaria para ser cristiano. Hoy en día, para convertirse en cristiano no se requiere o se pretende que se sea un discípulo. Se “puede” seguir siendo cristiano sin mostrar signo alguno de progreso como seguidor o discípulo de Jesús. En Estados Unidos Las iglesias contemporáneas en particular no requieren como condición de membresía que se siga a Cristo en su ejemplo, espíritu y enseñanzas; ya sea para entrar como para continuar en comunión dentro de una denominación o iglesia local. En las iglesias latinoamericanas casi se percibe la misma tendencia. En lo que concierne a las instituciones cristianas visibles de nuestros días, el discipulado claramente es de carácter opcional los templos están llenos de discípulos que no son discípulos por que sus miembros no se deciden todavía a seguir a Cristo.

Cuando se insiste en presentar a Jesús como el Señor total de la vida de las personas, comúnmente hay muy pocos resultados de reconocimiento en la práctica de ese señorío; sin embargo, presentar la potestad de Cristo como una opción lo coloca en una categoría parecida a alguna cosa suntuaria o poco necesaria. En el cristianismo occidental del siglo XXI parece que el mandamiento a la obediencia de la Gran Comisión, no es ya más en verdad un mandamiento.

En Mateo 28:18-20, la meta maestra que Jesús expuso a la iglesia primitiva era que usara todo el poder y la autoridad que él les daba para hacer discípulos… y señala que “sólo los discípulos debían ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  La iglesia del primer siglo tomó muy en serio “el poder y la autoridad” que Jesús les confirió, con esta doble instrucción los primeros discípulos aprendieron a guardar este mandamiento dando como resultado un resultado de crecimiento de la iglesia en todo sentido, difícil de superar a la fecha.

El plan de Cristo ha sido modificado.

El plan de Cristo ha sido tergiversado por una tendencia histórica: “Hagan discípulos” es sinónimo de alinearse a una fe o práctica religiosa y “Bautizarse” significa unirse a la membresía de una iglesia. Esto conlleva a dos tremendas omisiones de la “Gran Comisión”. En primer lugar, se deja de lado el hacer discípulos o alistar a la gente como estudiantes o aprendices de Cristo y en segundo lugar, se omite  la oportunidad de hacer que los nuevos convertidos pasen por el entrenamiento que los llevará cada vez más a hacer lo que Cristo mandó.

Estas dos grandes excepciones  están ligadas entre sí. Al no hacer discípulos de los convertidos, es imposible que les mostremos y enseñemos cómo vivir como Cristo vivió y enseñó.

Cuando Jesús caminó entre los hombres quizá fue relativamente sencillo ser discípulo. Ante todo, significaba ir con él en una actitud de aprendiz, obediencia e imitación. La familia y las tareas fueron dejadas por largos periodos para ir con Jesús mientras él desarrollaba el ministerio anunciando, mostrando y explicando el Reino de Dios. Los discípulos tuvieron que caminar con él para aprender a hacer lo que él hacía.

Jesús dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26 RV60). Aunque tenía un costo, el discipulado tuvo una vez un significado muy claro y objetivo. La dinámica no es la misma hoy en día, literalmente, no podemos estar con Jesús de la misma manera en que estuvieron sus primeros discípulos, pero las prioridades e intenciones, el corazón y las actitudes internas de los discípulos son ayer y ahora las mismas. El discípulo de Cristo desea por encima de todo ser como él… ¿Ese es tu deseo?

Hay una decisión que debe tomarse: querer llegar a ser como Cristo. El discípulo es alguien que está resuelto a “Seguir las huellas de Cristo” y de esta forma a vivir en su fe y en su práctica. Si anhelamos ser como Cristo, ese deseo se hará evidente a cada persona, así como a nosotros mismos.

Se entiende que las actitudes que definen actualmente a un discípulo de Cristo no pueden llevarse a cabo dejando a la familia y las responsabilidades del día a día,  pero el discipulado puede concretarse en nuestro tiempo amando a nuestros semejantes, bendiciendo a los que nos maldicen, amando y caminando con el que nos oprime; en general viviendo en el proceso transformador interno de la fe, la esperanza y el amor. Ser discípulo de Jesús en verdad no es tan difícil como algunos perciben, es una práctica de amor en obediencia a quien nos amó primero.

En el año 1937 Dietrich Bonhoeffer presentó su libro “El precio de la gracia” (citado por Foster y Smith), Donde nos habla del “cristianismo fácil” o la “gracia barata”, dio fuerza al concepto del discipulado como un costoso exceso espiritual destinado especialmente sólo para aquellos que han sido guiados, o llamados a él. Señala además que uno no puede ser un discípulo de Cristo sin perder aquellas cosas que normalmente se buscan en la vida. Sin embargo, el costo de no ser un discípulo, es mucho más grande, aun si se considera sólo esta vida, que el precio que hay que pagar por caminar con Jesús.

Dallas Willard mencionado en Devocionales Clásicos de Foster y Smith por su obra “El espíritu de las disciplinas”, que no ser discípulo de Jesús cuesta no poseer la paz duradera, una vida saturada de amor y fe que lo ve todo a la luz del gobierno de Dios, es no contar con la esperanza que se mantiene firme en las circunstancias más desalentadoras, el poder para hacer el bien y resistir las fuerza del mal. En  pocas palabras, disfrutar la promesa de Jesús revelada en Juan 10:10 de darnos vida en abundancia

Un auténtico discípulo de Jesús vive en él y con él,  aprenden la mansedumbre y la humildad de corazón. La perspectiva correcta debe ser, el seguir a Cristo no solo como una necesidad, sino como el cumplimiento del pacto de amor que se ha hecho con él, en el plano de vida más elevado que podamos imaginar.

Fuente:

  • Foster, R. J. & Smith J. B. Devocionales Clásicos, 2004. El costo de no ser un discípulo, Pags. 20-26
  • Biblia Reina Valera 1960

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Publicado el 14 abril, 2014 en Desarrollo Personal, Iglesia, Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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