SOCIAL CRISTIANISMO, EL APORTE DE LA IGLESIA.

Sólo Dios puede darle autoridad a una persona, y es él quien les ha dado poder a los gobernantes que tenemos. Por lo tanto, debemos obedecer a las autoridades del gobierno. (Romanos 13:1 BLS)

Una iglesia que escuha, anuncia y sirve

Una iglesia que escuha, anuncia y sirve

Los problemas políticos, económicos y sociales del mundo, tienen que ver “con la gente como es, no con la gente como debe ser”. Una de las responsabilidades de la iglesia es ayudar a las personas a ordenar sus vidas para llevarlos a lo que “deben ser” (Bíblicamente hablando al establecimiento del Reino de Dios y su justicia); asumir que la gente “ya es, como deben ser siempre” puede conducirnos a un tremendo desastre.

Personalmente sé que hay más individuos “buenos que malos,” busco ver las “cosas buenas” en las personas, trato de pensar que no hay gente totalmente mala aunque en el contexto de violencia en que vivimos es todo un gran esfuerzo, siempre buscando como se dice: “Dar el beneficio de la duda a los demás”; sin embargo, también reconozco que “no somos totalmente buenos” y que aún nuestra bondad puede estar expuesta en algún momento al egocentrismo humano.

La plenitud de vida o “Sociedad ideal” es en verdad una utopía, seguramente, ese mundo o sociedad ideal la tendremos cuando se establezca el Reino Teocrático de Dios; sin embargo como iglesia, estamos comprometidos en hacer de nuestro mundo, lo más parecido a este ideal.

Este día podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos “comenzar” a transformar nuestra sociedad?, algunas de las posibles respuestas dejo a vuestra consideración: La transformación de las personas no comienza con los hombres, comienza con Dios, el creador del mundo y su plenitud él ha establecido las “Normas de convivencia humana” que garantizan justicia para todos y todas. En su infinito amor, su deseo es que los seres humanos convivan en amor, fe, razón y justica.

En segundo lugar, consideremos por un momento, nuestra naturaleza divina y humana (creados a imagen y semejanza de Dios), como cristianos nuestra dignidad radica en que somos hijos e hijas de Él, somos el objeto o razón del Señor. No valemos por las cosas que hacemos, ni siquiera por nosotros mismos; Nuestro valor está en lo que valemos para Dios; en tal sentido, el estado no debe valorarnos por cuanto servimos a sus fines e intereses; los gobiernos de las naciones deben entender que están al “Servicio de sus ciudadanos”, el estado al servicio del pueblo y no lo contrario. En este mismo punto como miembros de la iglesia no debemos dirigir nuestras vidas como si fuésemos el punto central de nuestro propio valor; No somos de ninguna manera, nuestro propio fin.

Finalmente, la perversidad y deformación de la sociedad, puede impactarse positivamente con un testimonio de “santidad, luz y servicio”, de practicidad y no de retórica religiosa. Concluimos señalando que la iglesia está comprometida a dar a conocer sus principios y que debe desarrollar capacidades en sus miembros para reformar el orden existente. Podemos hacer de estos planteamientos herramientas para el establecimiento de un “orden Social” cuyo objetivo como dijo Jesús sea “El establecimiento del Reino de Dios aquí y ahora”

Recursos:
  • Biblia RV1960
  • Notas de William Temple (1881 – 1944) sobre el impacto de la iglesia en la sociedad. Cristianismo y orden social.

Publicado el 26 diciembre, 2014 en Iglesia, Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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