HABLANDO A SOLAS CON DIOS, MI VERDADERA RELACIÓN CON CRISTO

“No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a él a quien rendimos cuentas”  

Hebreos 4:13 NTV

Alguna vez de niño, a una corta edad de cinco o seis años quizá, cometiste el error de mentir a tu padre o a tu madre y para tu infortunio ellos te pillaron en tu mentira. Quizá en este momento recuerdes ese momento o esa aventura y te sea hasta divertido hoy, pero seguramente al hacer un poco de memoria, en ese momento, seguramente fue muy incómodo y hasta “doloroso” para ti.

Análogamente, Dios es nuestro Padre, ¿podrá alguien escapar de su omnisciencia? Al leer los siguientes testimonios, podrías pregúntate, si hay un eco en tu interior que dice: “Sí, me identifico con lo que se está diciendo, a mí me pasa lo mismo”

1.  “Debo confesar que estoy cansado de correr de una reunión a otra, intentando suplir tantas necesidades.  He trabajado tan duro y por tanto tiempo, que francamente me siento como un autómata, sin ninguna sensibilidad.  Ya llevo meses sin realmente sentirme cerca de Dios. La lectura de la Palabra se ha vuelto algo seco y aburrido.  Ya hace mucho tiempo que las palabras no saltan de la página como una palabra directa de Dios para mí”.

2.  “¿Que dónde estoy en mi relación con Dios? Creo que me encuentro estancado. No siento que Dios está lejos, pero  sí  siento que  no  ha habido  ningún  cambio significativo en mi vida en los últimos cuatro o cinco años. Continúo luchando  con  los mismos  sentimientos  y tentaciones, las mismas peleas de siempre con mi cónyuge, los mismos conflictos sobre prioridades y estilos de ministerio con mi equipo de liderazgo. La realidad hoy es muy diferente a  cuando me  convertí, cuando  todo parecía  nuevo  y diferente”.

3. “Cuando estoy con otros en una reunión grande, cantando y orando, me siento muy bien. Es hermoso sentir el calor de los demás.  Pero de vuelta en casa, me siento solo, decaído, inefectivo y desorientado. Mi matrimonio ha ido más o menos bien (bueno, quizás no tan bien).  Ya nos hemos acostumbrado a convivir con los problemas de siempre, las mismas peleas y los mismos callejones sin salida de los últimos diez años.  Casi me da alegría cuando puedo salir en un viaje de ministerio, y me asusta tener que volver a casa. A veces me pregunto si estoy casado con la persona correcta”.

4.  “Creo que es tiempo de hacer un alto en el camino y  dejarnos  de tanto  espectáculo  en el  mundo evangélico.  Parece que estamos intentando adornar tanto la vida  espiritual -haciéndola  brillar demasiado  en  nuestros testimonios y publicaciones, y siempre presentando nuevas técnicas y secretos de cómo vivir la vida cristiana-que su práctica diaria tiene más parecido a un cuerpo sin vida en el depósito  de  cadáveres. No  me  importa si  son  los pentecostales, los de “la vida profunda”, los del énfasis de la plenitud del Espíritu, o la espiritualidad de los 12 pasos; ninguno funciona bien. Tenemos que despertar a la realidad, ser  auténticos, dejar  de  engañarnos a  nosotros  mismos pensando que hay una fórmula exacta, y que puedes obtenerla comprando mi libro o viniendo a mi seminario”.

5.  “No sé.  Creo que estoy bien.  No creo que las cosas  estén tan  mal  ahora mismo. Últimamente  estoy obteniendo algunos resultados dirigiendo el estudio bíblico y el programa de evangelismo.  Pero realmente no hay mucho apetito o hambre por Dios en mi vida.  Lo que más me preocupa es saber qué es lo que Dios quiere que haga, realmente qué pide de mí. Todo me parece muy borroso e incierto.  Casi siempre me siento como si estuviera viviendo en la niebla”.

Después de compartir estos pensamientos, y dar fe de mucha similitud en la vida de algunas personas incluyéndome a mí; he visto una sombra en el mundo evangélico que me causa mucha preocupación; Una doble identidad, lo que decimos que somos, no es consistente con las cosas que hacemos. Hoy es un buen momento para apartarnos para conversar con nuestro Hacedor y ser totalmente sinceros y honestos  en nuestra relación con él,  dejar de ser lo que en realidad no somos, vivir una doble identidad no nos permite crecer ni emocional, ni espiritualmente.

Busquemos establecer con Cristo una relación totalmente transparente, él es nuestro amigo y conoce perfectamente nuestras vulnerabilidades. Cuando hablamos la verdad con Dios y con los demás, nos llenamos de una maravillosa paz, que permite mantener una relación inmejorable que fortalece nuestras relaciones interpersonales. Hablar con la verdad, vale la pena.

Recursos utilizados:
  • Biblia NTV
  • Tiempo y Lugar para Dios, Hacia el crecimiento espiritual, libro 1, Centro por la Excelencia de las Organizaciones, Eastern University.

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Publicado el 14 enero, 2015 en Desarrollo Personal, Iglesia, Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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