INICIAMOS EL AÑO ESCOLAR, HABLEMOS DE EDUCACIÓN INTEGRAL

Capacidades para la vida

No podemos asumir que buena educación es facilitar a nuestros hijos e hijas una enseñanza en una escuela de moda, o donde se supone que los estándares de calidad educativa son muy altos. Es una gran bendición cuando padres y madres de familia se esfuerzan por adquirir una mejor oportunidad académica en un centro de estudios de alto nivel, pero no necesariamente esto significa que estemos garantizando educación integral. Como padres y madres de familia debemos considerar como objetivos primordiales: una instrucción que garantice principios y valores así como también, dotar a nuestros pequeños y pequeñas con herramientas prácticas para vivir en el mundo de hoy, les llamaremos  “capacidades para la vida”

Comparto a continuación cuáles eran los objetivos de la educación para algunos filósofos y pensadores en otros tiempos.

Juan Jacobo Rousseau pensaba que el objetivo principal de la educación era que el hombre fuera racional, es decir, que el hombre pudiera usar su razón y ésta era su objetivo básico y fundamental. La educación debía llevar a la persona solamente a razonar.

Para Sabater lo más importante y el objetivo principal de la educación era que el hombre se humanizara, es decir, que el hombre pudiera ser una persona sumamente sensible, que pudiera entender los problemas y los conflictos que tiene la humanidad.

Para Platón, el propósito fundamental de la educación era que el hombre fuera bueno. Dentro de sus postulados, consideraba que esto era algo muy importante, que el hombre fuera una persona moralmente buena.

La Biblia nos dice: “Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán” (Prov. 22:6 NTV)

Permitámonos hacernos las siguientes preguntas: ¿Es responsabilidad de los centros escolares la educación de los infantes?, ¿Es responsabilidad de las iglesias la educación en valores de los chicos y las chicas?, ¿Es responsabilidad del estado el desarrollo integral de las personas? Si sus repuestas no fueron afirmativas, o parcialmente te sientes incómodo con algunos de estos cuestionamientos seguramente estarás de acuerdo en que la educación integral de los hijos e hijas es responsabilidad de la familia, somos nosotros los padres y las madres, los tutores que Dios ha designado  para este deber. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre” (Sal 127:3 RV60). Comúnmente algunos padres de familia o tutores se preocupan por desarrollar en los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, una gran cantidad de capacidades, habilidades y destrezas, y eso es muy bueno; sin embargo, en la vida cotidiana observamos niños de siete años que no pueden  amarrar los cordones (agujetas) de su calzado, adolescentes y jóvenes sin una perspectiva de vida, sin definición o aspiraciones personales, algunos otros son inscritos en academias tecnológicas o de artes forzadamente en contra de su voluntad, y que opinan de aquellos profesionales académicos con títulos hasta de maestría, pero incapaces para la toma de decisiones. Todas estas son realidades en nuestro mundo de hoy.

La Biblia define a los hijos como una herencia dada a los padres de familia, no son una mercancía, son la promesa de Dios para nuestras familia, nuestros hijos le pertenecen a él, en la vida material, hemos “firmado” un comodato con Dios en el cual nos comprometemos a hacer de nuestros hijos, no solamente hombres y mujeres de bien, sino conocedores de la buena nueva del “Reino de los cielos”, y que cada uno de ellos y ellas reconozcan en Dios su Padre Eterno, el que merece todo el reconocimiento por ser nuestro Hacedor, Señor y Salvador.

Esforcémonos todos y todas en construir una nueva sociedad y una nueva familia que prepare a nuestros infantes, adolescente y jóvenes con “Capacidades para la vida”, hombres y mujeres de amor, fe, razón y justicia, agentes de transformación que se conviertan en la “Sal y la Luz” donde quiera que vayan o estén, ese será nuestro mejor legado, prepararlos para desarrollar su ser y no su hacer en el siglo XXI. Amado amigo y amiga, tus hijos y mis hijos son un regalo de Dios, bien vale la pena un esfuerzo sacrificial para desarrollar en ellos una formación verdaderamente integral.

Recursos:

Publicado el 15 enero, 2015 en Desarrollo Personal, Familia, Iglesia, Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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