El conocimiento y la inmensidad de Dios ¿Hay algún lugar al que podamos ir para escapar de la presencia de Él?

Dios mío, tú me conoces muy bien; ¡sabes todo acerca de mí!  Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; ¡aunque esté lejos de ti, me lees los pensamientos!  Sabes lo que hago y lo que no hago; ¡no hay nada que no sepas!  Todavía no he dicho nada, y tú ya sabes qué diré.  Me tienes rodeado por completo; ¡estoy bajo tu control! ¡Yo no alcanzo a comprender tu admirable conocimiento! ¡Queda fuera de mi alcance! ¡Jamás podría yo alejarme de tu Espíritu, o pretender huir de ti! Si pudiera yo subir al cielo, allí te encontraría; si bajara a lo profundo de la tierra, también allí te encontraría. Si volara yo hacia el este, tu mano derecha me guiaría; si me quedara a vivir en el oeste, también allí me darías tu ayuda.

Dios mío, ¡qué difícil me resulta entender tus pensamientos! ¡Pero más difícil todavía me sería tratar de contarlos! ¡Serían más que la arena del mar! ¡Y aun si pudiera contarlos, me dormiría, y al despertar, todavía estarías conmigo!

Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos.  Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva.

Extracto Salmo 139, versión BLS

 

Publicado el 4 mayo, 2015 en Adoración y alabanza, Iglesia, Lectura Bíblica. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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