Cuento urbano, el perro dorado, la policía y el que me pito la vieja.

A primera hora de la mañana cuando el sol dibuja sus primero albores, voy recorriendo el bulevar Constitución cerca del cruce a calle al volcán, en medio del intenso tráfico vehicular estoy a pocos metros de la cruz calle y aun cuando el semáforo está en verde, una agente policial detiene la marcha de los automotores y quedo en segunda plaza del carril derecho de la calzada. Asombrosamente girando mi mirada hacia la izquierda, veo a un hermoso can esperando en la acera que el semáforo cambie para cruzar los cuatro carriles de tan importante vía. Sin embargo, a pesar que el semáforo aún no ha cambiado de color, con atención observa cómo se detienen los vehículos; cruzando un carril, luego el segundo hacia San Salvador, el hermoso perro de pelaje dorado llega al arriate central, y se acelera su paso para atravesar el carril izquierdo en sentido opuesto a la capital y al momento que aligera su paso para saltar sobre el carril que me conduzco queda atrapado en el movimiento de los vehículos justamente enfrente de mi alfombra voladora. Voltea su mirada a mi rostro y me dice con un tierno y amable gesto “déjame pasar… soy viejo y me cuesta cruzar estas carreteras…” anonadado por su carácter observe como con paso firme y sereno cruzó la vía con donaire moviendo su preciosa cola mechuda. Definitivamente perro de la calle pero con clase.

Mientras tanto me deleito viendo cruzar a este animal (lo digo con respeto y propiedad) levanto mi mirada y el ruido de los pitos que me invitan a meter la pata en el acelerador (lo digo figurativamente). Me vuelven a la realidad. La agente policial, muy guapa por cierto, levantó su mano derecha y sonó su silbato como diciendo “apúrese maitro” no ve que trae gran cola. Aturdido por un segundo el sentido común me dice que antes de caminar debo poner la primera en velocidad, y mientras esos microsegundos pasan el conductor del carro de atrás me pita recordando a mi querida progenitora. Para satisfacción de muchos ya me mantengo en movimiento y observo a mi derecha y en la distancia desplazándose a aquel humilde can dorado que recorre por las calles de la ciudad.

Esta mañana especial, este precioso animal me recordó el tremendo valor que tiene la vida. Dios te guarde humilde animal de tanta agresión humanal.

LuisRo.

Presentación1

Publicado el 5 abril, 2016 en cuentos y mas, Humor, Poesia, cuentos y mas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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