El ratón y la crisis económica.

Dedicatoria:

Para JD con todo mi amor, al que me sorprende cada día con su madurez, humildad y buen humor. Te amo mocoso.

Esta mañana mi hijo de 10 años amaneció muy triste y hasta diría yo molesto y es que con tanta ansiedad busco esta mañana bajo su almohada el reconocimiento que “El Ratón” tradicionalmente le deja en calidad de ofrenda cada vez que pierde un “Diente de leche”, el mísero ratón sólo dejó una moneda de “cora” (un cuarto de dolar o $0.25 de dolar americano).

La historia comienza ayer al final del día cuando con alegría, no sé si por que se asoma una nueva muela o por el presagio de la llegada del ratón, desea que arranque o caiga la pieza molar que está por deprenderse de su arco bucal. Como buen padre y preocupado por su salud dental, busco un carrete de hilo de esos de costurera y saco un tramo de hilo del tamaño de hasta adonde me alcanzan los brazos, y doblo delicadamente hasta construir una soga de cuatro hilos lo suficiente fuerte y resistente para hacer una “extracción molar” al estilo de nuestros años dorados de la niñez; con sumo cuidado ligo aquel instrumento quirúrgico, alrededor de la pieza por extraer y hago un nudo ciego de tres vueltas y nos acomodamos listos a “tirar del gatillo” , digo de la pita (totalmente aséptica como podrías imaginar y como todo un odontólogo amoroso del siglo XXI le digo a mi pequeño:

– Abra bien la boca, cierre bien los ojos, respire profundo

y en menos que cante un gallo, tiramos el hilo con la fuerza bruta que sólo un padre amoroso necesita para tan compleja cirugía.

Señoras y señores, la cirugía fue todo un éxito, la muela voló un metro por el efecto de la fuerza y la aceleración y dejo ver al fondo de la boquita de mi cachorro el color marfil de la nueva muela que está por salir. Una leve hemorragia que se quitó con un buen enjuague bucal. Y la felicidad de un niño que sabe que esta noche-madrugada recibirá la visita de un invitado especial.

Compartiendo el desayuno esta mañana mi pequeño me dice con voz descompuesta:

– Ya la riega el ratón, sólo una cora me dejó.

Con una cora no me compro ni una galleta, ni una gaseosa en la tienda del colegio.

El ratón es muy injusto.

Al ver su tristeza y decepción le digo con mirada tierna y amorosa:

-Tráeme la cora que te dejo el ratón.

Se vuelve a su habitación y para mi sorpresa regresa no sólo con la moneda, sino con la muela que le extirpó papá. Y pone ambos objetos “contundentes” de su tristeza sobre la mesa que sirve los sagrados alimentos y me dice:

-Ahí está la moneda, si quieres, quédate con el diente.

El inconsecuente ratón, no tuvo ni la delicadeza de retirar la mísera muela de debajo de la almohada.

El silencio nos inundó y nos retiramos de la mesa y prepararnos para subir al auto y un nuevo día iniciar.

Por el trayecto en la carretera, los cantos de alabanza a Dios suenan en el esterero de mi carro, pero esta mañana no suenan igual, y aunque trato de tararear un par de coros, es muy difícil cantar al ver la tristeza y desilusión que el mentado ratón provocó a mi hijo  amado en quien tengo complacencia.

Luego de dejar a mamá en el camino a su trabajo, volteo mirada al asiento trasero y está ahí el pequeño acostado pero no duerme, con la mirada fija y al mismo tiempo perdida en la oscuridad del amanecer que aún no llega. Mientras hago un alto en el camino saco de mi monedero una moneda de dólar americano, de esas que mandan a los países sub-desarrollados, que tienen gran peso y rompen los bolsillos de los pantalones  y se la doy a mi hijo, sin más palabras que un – Toma, es para ti.

Mi hijo es anormal por que en vez de dibujar una sonrisa en sus labios cholcos, dibujo una sonrisa en su mirada y me dijo:

-Que vas a hacer con la muela?

Y yo le dije:

-La voy a guardar de recuerdo, porque voy a escribir una historia.

Amigas y amigos que leen estas líneas, algo no está bien, me parece que la actitud del ratón puede tener dos causas a saber: Podría ser que las finanzas del ratón como la economía mundial y nacional, no está pasando por su mejor momento, o que en un descuido o ligereza, el bendito ratón no se fijó y por poner una moneda de dólar, solo puso una peseta.

Cuando yo era niño jamás me visito el ratón, y ahora de viejo ya se me caen las del juicio pero jamás he amanecido con un dólar debajo de la almohada. Doy gracias a Dios por el ratón que visita mi hogar y ruego al Hacedor y dueño del oro y la plata, que siempre traiga provisión y trabajo para el ratón, para que siga construyendo ilusiones y sonrisas en nuestros hijos e hijas.

ratan-gamez

Publicado el 5 mayo, 2016 en cuentos y mas, Familia, Pensamientos, Poesia, cuentos y mas, Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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